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  • Ecumenikó

Abrazar los Derechos Humanos siempre, desde la educación y el compromiso

Escribimos estas líneas a inicios del mes de diciembre pero sabemos casi con toda seguridad qué pasará el próximo día 10. Los timeline de todas las redes sociales se llenarán de imágenes y mensajes que en 280 caracteres o coloridos carousel dirán que el respeto de los Derechos Humanos es importantísimo. Y lo es y la difusión de dichas imágenes en el Día de los Derechos Humanos día sirve para recordarlo. Sin embargo, los Derechos Humanos conviene reivindicarlos cada día del año, con mensajes pero también con acciones y especialmente, desde una estrategia sostenida que pasa por la educación en DDHH.


No nos remontamos a hechos históricos, sino a lo acontecido en las últimas semanas para evidenciar que las violaciones a los Derechos Humanos son el pan de cada día en el norte y el sur global y que aunque hemos recorrido muchísimo camino, tenemos un salto cualitativo importante que conviene superar si creemos en la dignidad humana. En Irán el estado anuncia ejecuciones de manifestantes que salieron a las calles tras el asesinato de Mahsa Amini, 200 rohingyas han estado naufragando más de una semana en el mar de Andamán tratando de escapar como pueden de Myanmar, Somalia vive la peor sequía en 4 décadas y 7,6 millones de personas, entre ellas niñas y niños, necesitan según la ONU asistencia humanitaria inmediata, ha salido a la luz un informe de Reuters que demuestra que en Nigeria víctimas de Boko Haram han sido forzadas a abortar por el ejército, en los Estados Unidos se ha descubierto que twitter tenía listas de usuarios para limitar el alcance de ciertas opiniones, y en España el informe de la defensoría del pueblo señala la posible violación de derechos fundamentales en la masacre de Melilla que incluirían medio millar de devoluciones en caliente además del trato denigrante a los migrantes, que según la versión oficial acabó con el fallecimiento de 23 personas. Y esto son solo algunos de los sucesos que son noticia. Cuántas violaciones de los derechos humanos son situaciones de injusticia permanentes y no llegan a las páginas de sucesos.

Dentro de un año, en diciembre de 2023, celebraremos el 75 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que por cierto es el documento más traducido del mundo. Desde su adopción en 1948, los Derechos Humanos se han consolidado como un fin para la mayoría de las sociedades y se ha avanzado sustancialmente en su reconocimiento y su integración en los instrumentos legales vinculantes de estados y organizaciones regionales. Además, el reconocimiento de los DDHH ha favorecido el desarrollo de un ecosistema local y global que desde ONG, espacios de pensamiento, instituciones públicas e incluso el sector privado trabajan por el análisis, la promoción, el debate, la exigencia, la investigación, la codificación y la defensa de los Derechos Humanos.


Sin embargo, todo este ecosistema que se ve como logro no siempre ha estado únicamente al servicio de los Derechos Humanos. En el día a día vemos cómo algunas de las instituciones defensoras de los DDHH condenan o no según el estado o la organización que sea responsable de las violaciones a los mismos, o cómo los Derechos Humanos se usan como excusa de intervención cuando hay objetivos geopolíticos que se consideran prioritarios. Pero no pensemos únicamente en la frustración que a menudo causa la falta de responsabilidad institucional, que es de dimensiones incalculables y que no debemos dejar de exigir. Pensemos mejor también en el impacto de nuestras decisiones diarias. Financiar con nuestras compras a empresas que respeten los derechos fundamentales, educarnos en cultura de paz y boicotear y denunciar situaciones de injusticia es estar comprometidas y hacer activismo por los Derechos Humanos.


Si creemos en los Derechos Humanos, el respeto a cada uno de los mismos tiene que ser la prioridad absoluta y no nos tiene que temblar el pulso al exponer sus violaciones, ya sea en sociedades geográficamente remotas o en nuestras comunidades. Nuestro mundo afronta retos contemporáneos e históricos cuyas propuestas de resolución no deben poner los Derechos Humanos en un segundo plano. Es responsabilidad compartida de los gobiernos, las empresas, las ONG, los centros de pensamiento y la sociedad civil velar por los DDHH y para ello el primer paso es conocerlos. El SG de las Naciones Unidas Kofi Annan dijo en 2014 que la educación en Derechos Humanos “es un proceso para equipar a las personas con las herramientas necesarias para vivir con seguridad y dignidad”. Como individuos y en colectivo necesitamos educación en Derechos Humanos en Europa y en el mundo, pues es la clave para exigir los derechos que son nuestros, los propios y los de los demás.


Aunque la Declaración del 48 se dice “universal”, estamos muy lejos de que efectivamente lo sea, pero justo por ello, las personas convencidas tenemos la responsabilidad de contribuir a que los Derechos Humanos no sean una mera fecha estética en el calendario, un lavado de imagen, o una excusa cuando nos interesa. Pongamos los DDHH siempre en el centro en nuestras vidas personales, nuestras decisiones económicas y nuestra participación social. Comprometámonos, seamos valientes, luchemos por educarnos y por impulsar en la mayor medida posible el marco de derechos que hace a la humanidad más digna.


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